En la línea 1, a la altura de la estación de Iglesia, el agresor, que vestía un chándal del Rayo Vallecano, centró su atención el un distintivo judío que la chica llevaba colgado al cuello. Sin mediar palabra previa, el individuo comenzó a increparla en voz alta frente al resto de usuarios, afirmando que le daría "vergüenza llevar eso". Lo que comenzó como una crítica derivó de inmediato en una retahíla de insultos y ataques personales cargados de odio.
Según el informe de lo sucedido, el hombre comenzó a desatarse proferiendo gritos como "Judía de mierda", "puta Israel", "asesina" o "genocida". Esta situación de acoso se prolongó de manera angustiosa para la víctima "durante varias paradas" mientras el tren continuaba su trayecto. Uno de los aspectos más destacados de este episodio fue la reacción, o la falta de ella, por parte de los ciudadanos que presenciaron la escena.
A pesar de que el vagón estaba "a rebosar", la joven se encontró en una situación de desprotección ante su agresor. Las fuentes señalan que, mientras recibía los insultos, "el resto de pasajeros observaba la escena en silencio, mirando hacia otro lado o haciendo como que no estaba pasando nada". Ante la indefensión y la gravedad de las faltas de respeto que estaba recibiendo, la joven decidió actuar para que el ataque no quedara impune.
"La chica, atónita, comenzó a grabar un vídeo para documentar todas las faltas de respeto que estaba recibiendo". Esta maniobra resultó fundamental para el desarrollo posterior de las investigaciones policiales. Una vez que el tren llegó a su destino, la joven "salió corriendo del suburbano" y se dirigió directamente a una comisaría para denunciar este episodio. Gracias a la valentía de la víctima al grabar al atacante y a las imágenes aportadas a las autoridades, el infractor ya ha sido identificado por la Policía. Este suceso pone de manifiesto la importancia de denunciar los delitos de odio y la necesidad de una mayor implicación ciudadana ante actos de intolerancia en el transporte público.
